viernes, 25 de abril de 2008

Modo de Producción Colonialista por Eloy Reverón

Para formular los elementos esenciales del modo de producción colonialista, debemos considerar que las estructuras económicas no sufrieron alteración como resultado de la guerra por la emancipación o independencia política de la América Hispana. Observar su historia dentro de la dialéctica de una relación de dominio, no solo para el Indio, sino para los pueblos mestizos, y toda una amplia gama de excluidos.
El enfoque teórico propuesto visualiza y organiza la información y el discurso bajo la guía de cuatro vertientes de dominio: el de las armas, el de la religión, de la política y el de la economía, que de igual manera los identificamos con los símbolos de la Corona, la Cruz, la Espada y el Oro con su ambivalencia entre la búsqueda de la riqueza material y la sabiduría.

Para efectos de la exposición se identificaron cuatro instituciones con sus respectivos símbolos: el Estado imperial, la Iglesia, la Fuerza Armada y las finanzas. El único símbolo que nos queda es la quinta esencia de estos cuatro elementos, el ser humano que habita y se conserva en unidad con la tierra, el Indio. La Corona requería más súbditos para cobrarle impuestos; la Cruz, necesitaba nuevos fieles que se arrodillaran y pagaran su limosna; la Espada, buscaba enemigos para doblegarlos y despojarlos de la riqueza; el Oro, la luz del conocimiento buscaba un lugar donde expandir la cultura dominante, para establecer la validez del saber, allí están las primeras universidades fundadas en la América hispana.

Finalmente La Tierra, tiene al Indio para que la proteja, la conserve y la venere. Pero la visión colonial tenía una idea diferente, sólo contemplaba el aspecto relativo a sus necesidades económicas que podían ser satisfechas a través del Indio, hasta el momento, potencial dueño de la fuerza de trabajo requerida para la empresa. La Espada doblegaba su energía mediante el rito de la Guerra; la cruz, doblegaba su espíritu mediante el rito de la comunión; la Corona distribuía las ganancias con nuevas cotas de nobleza y poder; y la universidad reservando el saber de los principios económicos, de la historia y la filosofía para el control y el dominio del Imperio Español.

A la Espada le convenía que el indio no fuera persona y careciera de alma, para que no transcendiera el hecho si moría buscando perlas en el fondo del Caribe, o tapiado más tarde en las minas del otrora Tawaintisuyu[1]; a la Cruz le interesaba que el indio tuviera alma, para justificar la empresa de salvarla; al Sol, perpetuar la conciencia material e intelectual del dominio hispano; y a la Corona que fuera súbdito o vasallo para que se manifestara como tal mediante el pago de los impuestos reales.

Esta síntesis simbólica facilita la trialéctica de los elementos esenciales que nos interesa destacar en la historia de una relación de dominio, que puede incluso trascender la relación del Indio al resto de la sociedad. La utilidad de este marco histórico para la observación de la dinámica del mismo conflicto que después de cinco siglos continúa latente; entre otras cosas, se justifica por la falta de comprensión de todos y cada uno de los actores, del sentido histórico de los hechos, como aporte útil para analizar los aspectos que surgen de esta situación. El primero, es que detrás de la conducta histórica reposa una ideología colonialista que será constante en todo el proceso, y que ya se expresaba desde el mismo lenguaje utilizado por Colón; el segundo, que la religión juega un papel esencial para reducir el espíritu del aborigen en virtud de someterlo al sistema productivo, hecho justificado por la misión de otorgarle la posibilidad de salvar su alma del infierno, aunque hubiera que arrojar muchos cuerpos a las hogueras de la Inquisición; el tercero, que de todo esto resulta un producto histórico, legado para el futuro, engendro de toda esta situación; el resultado del choque entre dos culturas, instrumento clave para relacionar los elementos que entrarán en juego, en similar y posterior situación. Finalmente la clara convicción de que la historia no se refiere solamente a los hechos del pasado, ni que estos hechos se repiten de manera cíclica, lo que es esencial, que quede teóricamente establecido, es la idea de que el proceso histórico no debe observarse con limitaciones temporales, porque siempre están sucediendo hechos de la misma naturaleza. Los actores de este conflicto son fichas sobre el mismo tablero, los intereses de cada sector definen las reglas del juego, para que a través del tiempo histórico, padres, hijos y nietos, continúen representando la misma comedia, como si estuviera grabado en los genes, el reparto del libreto.

Cuando Simón Rodríguez se refirió a que no había habido independencia sino un armisticio, decía de manera sintética que se había roto un vector de las cuatro fuerzas de dominio colonial, la independencia política alcanzada por la fuerza de las lanzas de los llaneros. Es Estado Imperial hispano fue sustituido por un Estado Neocolonial, dominado por la fuerza de las finanzas europeas y por la fuerza de la protección del comercio a través de la Armada británica. La Cruz mantiene su dominio ideológico, fortalecido con sus postmodernos aliados como la televisión y la prensa mercenaria.


[1] Continente solar, sustantivo en idioma queswa utilizado por los inkas para definir la extensión de su dominio político, espiritual y económico.


Eloy Reverón erivem@gmail.com